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Dermatitis atópica

Dermatitis atópica

¿Qué es la dermatitis atópica?

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel que genera resequedad intensa, enrojecimiento y picazón. Es más frecuente en niños, pero puede aparecer a cualquier edad y afectar la calidad de vida si no se trata adecuadamente.

Es una condición en la que la piel presenta inflamación debido a una alteración en su función de barrera protectora.

La piel cumple una función fundamental: actuar como protección frente a factores externos como: polvo, polen, contaminación, virus, hongos, bacterias, perfumes, detergentes, productos cosméticos, entre otros. Cuando esta barrera está alterada, la piel se vuelve más permeable, permitiendo que sustancias externas ingresen y activen el sistema de defensas del cuerpo. Esto produce inflamación y cambios visibles en la piel. Como consecuencia, pueden aparecer:

  • Enrojecimiento
  • Resequedad intensa
  • Picazón fuerte
  • Lesiones por rascado
  • Infecciones secundarias

El rascado constante puede generar heridas y empeorar la inflamación, creando un círculo vicioso difícil de controlar.

¿Cuáles son las causas de la dermatitis atópica?

La causa exacta de la dermatitis atópica no se conoce completamente. Sin embargo, una de las teorías más aceptadas señala la falta de una proteína de la piel llamada filagrina.

Esta proteína cumple la función de unir las células de la piel (queratinocitos), mantener la barrera cutánea intacta, proteger contra agentes externos; cuando hay déficit de filagrina, se generan espacios entre las células de la piel, lo que facilita la entrada de irritantes y desencadena la inflamación. También pueden influir factores como:

  • Predisposición genética
  • Factores ambientales
  • Alteraciones del sistema inmunológico
  • Piel naturalmente seca

¿Cuáles son los síntomas de la dermatitis atópica?

Los síntomas pueden variar según la edad y la severidad, pero los más frecuentes incluyen:

  • Inflamación y enrojecimiento: la piel se observa irritada, roja y sensible.
  • Resequedad y textura áspera: la piel puede sentirse muy seca, tirante o “carrasposa”.
  • Picazón intensa: es uno de los síntomas más característicos y puede ser severa. El rascado constante puede provocar lesiones, fisuras o pequeñas heridas que pueden infectarse.
  • Engrosamiento de la piel: en casos crónicos, la piel puede volverse más gruesa como mecanismo de defensa ante la irritación continua.

¿Quiénes pueden desarrollar dermatitis atópica?

Aunque puede presentarse a cualquier edad, la dermatitis atópica es más frecuente en la infancia, como se mencionó antes. La mayoría de los casos ocurre en niños menores de 6 años y puede persistir durante la vida adulta. No obstante, también puede aparecer en adultos y personas mayores.

¿Cuál es el tratamiento para la dermatitis atópica?

El pilar del tratamiento, aparte de la educación y evitar los posibles desencadenantes, es la hidratación, dado que ayuda a recuperar la barrera protectora de la piel, disminuir la resequedad, reducir la inflamación y prevenir recaídas. Se recomienda el uso de cremas hidratantes especializadas que restauren la protección natural de la piel.

Otras recomendaciones que ayudan a mejorar los síntomas de la dermatitis atópica incluyen evitar baños prolongados, utilizar agua tibia y limitar su duración a menos de 5 minutos. También se aconseja no aplicar jabón en todo el cuerpo, preferir productos suaves para piel sensible y evitar irritantes como detergentes fuertes o perfumes.

Esto se debe a que el uso excesivo de agua y jabón elimina los aceites naturales de la piel, lo que debilita su barrera protectora y aumenta la resequedad.

Cuando estas medidas no son suficientes, el especialista puede indicar tratamientos médicos específicos para controlar la inflamación y prevenir complicaciones. Por ello, es fundamental evitar la automedicación y consultar siempre con un profesional de la salud.

Ante la presencia de síntomas, es importante recibir valoración médica para un manejo adecuado. En la Clínica del Campestre contamos con un equipo médico idóneo y capacitado para ayudar con el diagnóstico y tratamiento de la dermatitis atópica.

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Causas y síntomas de la ansiedad

Trastorno de ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

Antes de definir qué es, es importante aclarar que todas las personas en algún momento de la vida pueden experimentar ansiedad o miedo. La diferencia entre ambos radica en su origen. El miedo suele aparecer ante una amenaza real, concreta y tangible; en cambio, en la ansiedad no siempre existe un peligro identificable o palpable. La ansiedad se define como una preocupación excesiva y persistente frente a situaciones que podrían suceder, pero que aún no han ocurrido. Si bien la ansiedad ocasional forma parte de la experiencia humana, existe una diferencia clara cuando esta se intensifica y se mantiene en el tiempo, hasta el punto de convertirse en un trastorno de ansiedad.

Para que la ansiedad sea considerada un trastorno, debe afectar de manera significativa la funcionalidad de la persona y comprometer distintas esferas de su vida durante un período prolongado. Desde el punto de vista clínico, los síntomas deben estar presentes por más de seis meses y afectar al menos tres áreas importantes, como el sueño, la alimentación, el desempeño laboral o académico, y las relaciones de pareja o familiares.

Cuando se habla de las causas de la ansiedad, estas pueden dividirse en dos grandes grupos. Por un lado, se encuentran las causas genéticas o biológicas, que están relacionadas con la carga genética, los antecedentes de enfermedades familiares y los factores hereditarios que pueden predisponer a una persona a desarrollar ansiedad.

Por otro lado, existen las causas ambientales, asociadas a situaciones económicas, condiciones laborales, eventos vitales estresantes y la forma en que las personas afrontan los traumas o experiencias difíciles, tanto durante la infancia como en la vida adulta. La interacción entre estos factores biológicos y ambientales influye en la aparición y el desarrollo de los trastornos de ansiedad.

¿Cuáles son las causas principales de la ansiedad?

Cuando se habla de las causas de la ansiedad, estas pueden dividirse en dos grandes grupos. Por un lado, se encuentran las causas genéticas o biológicas, relacionadas con la carga genética, los antecedentes de enfermedades familiares y los factores hereditarios que pueden predisponer a una persona a desarrollar ansiedad.

Por otro lado, existen las causas ambientales, asociadas a situaciones económicas, condiciones laborales, eventos vitales estresantes y la forma en que las personas afrontan los traumas o experiencias difíciles, tanto en la infancia como en la vida adulta. La combinación de estos factores biológicos y ambientales influye en la aparición y el mantenimiento de los trastornos de ansiedad.

¿Cuáles son los principales síntomas de la ansiedad?

Los síntomas de la ansiedad pueden confundirse con los de muchas otras enfermedades. De hecho, es común que algunas personas lleguen a consulta remitidas por otras especialidades médicas, luego de haber sido evaluadas por posibles causas físicas u orgánicas, sin que se encuentre una explicación clara para sus síntomas.

En general, los síntomas de la ansiedad pueden dividirse en síntomas psicológicos y síntomas físicos. Entre los síntomas psicológicos se encuentra la preocupación excesiva y persistente, una sensación constante de alerta o anticipación negativa. En cuanto a los síntomas físicos, estos pueden manifestarse de diversas formas, como sudoración, mareo, temblores, zumbidos en los oídos, visión borrosa, palpitaciones, opresión en el pecho, dolores abdominales, diarrea y dolores de cabeza, entre otros.

Estos son algunos de los síntomas más frecuentes de la ansiedad, los cuales pueden variar en intensidad y duración según cada persona.

¿Cuál es el tratamiento para la ansiedad?

El tratamiento de la ansiedad puede dividirse en tratamientos no farmacológicos y farmacológicos, y su elección depende de la intensidad de los síntomas y del grado de afectación en la funcionalidad de la persona.

Tratamientos no farmacológicos para el trastorno de ansiedad

Dentro de los tratamientos no farmacológicos, la psicoterapia cumple un papel fundamental. Esta puede realizarse con un psicólogo o con un psiquiatra que haga el seguimiento del proceso terapéutico. Se recomienda, especialmente, la psicoterapia cognitivo-conductual, ya que es una de las corrientes con mayor evidencia científica en el manejo de los trastornos de ansiedad.

Los terapeutas cognitivo-conductuales abordan el problema de manera activa, orientando al paciente a través de tareas, ejercicios y recomendaciones concretas. A diferencia de la idea común de que la terapia se limita a escuchar o dar consejos, este enfoque trabaja directamente sobre la conducta y los patrones de pensamiento, promoviendo acciones específicas que ayudan a manejar la ansiedad en la vida diaria.

Tratamiento farmacológico para el trastorno de ansiedad

El manejo farmacológico se reserva para los casos en los que los síntomas son intensos o altamente incapacitantes, es decir, cuando la ansiedad compromete de manera significativa la funcionalidad. Algunos ejemplos incluyen dificultad para asistir al trabajo, para socializar, para conducir, para realizar actividades cotidianas como hacer compras, o problemas importantes de sueño debido a pensamientos persistentes.

En estos casos, el tratamiento farmacológico suele incluir dos grandes familias de medicamentos: los antidepresivos y los ansiolíticos (principalmente benzodiacepinas), siempre bajo supervisión médica especializada. El objetivo es reducir la intensidad de los síntomas y permitir que la persona recupere su funcionamiento cotidiano.

¿Qué hábitos ayudan a prevenir o manejar la ansiedad?

La adopción de hábitos de vida saludables es clave tanto para prevenir como para manejar la ansiedad. Estas recomendaciones son comunes a muchas áreas de la medicina y deben adaptarse a las necesidades y preferencias de cada persona.

Entre los hábitos más importantes se encuentran una alimentación equilibrada, evitando en lo posible productos de panadería, azúcar refinada y aceites vegetales; una buena higiene del sueño, con al menos siete u ocho horas de descanso; y la práctica regular de actividad física.

Desde la psiquiatría, también se destacan actividades como la meditación, los ejercicios de respiración y el mindfulness o conciencia plena, las cuales cuentan con evidencia científica que respalda sus beneficios en la reducción de la ansiedad.

Finalmente, es fundamental evitar el autodiagnóstico y la automedicación. Ante la presencia de síntomas o inquietudes, se recomienda consultar con profesionales de la salud.

En Clínica del Campestre contamos con un equipo médico idóneo y capacitado para acompañar el cuidado de la salud mental.

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Ondas de choque para el manejo del dolor

¿Qué son las ondas de choque?

Las ondas de choque son un tratamiento utilizado dentro del campo de la medicina regenerativa. Se aplican mediante un dispositivo de última generación que, a través de estimulación mecánica celular, genera una respuesta biológica en el área afectada. Esta estimulación favorece que las células de la zona inflamada se activen, promuevan la reparación del tejido y aumenten la producción de sustancias que ayudan a controlar el dolor.

Este tratamiento permite que el tejido lesionado o inflamado cree condiciones más favorables para su recuperación. En términos simples, las ondas de choque estimulan de manera externa y no invasiva un proceso fisiológico natural, facilitando una reparación más rápida y efectiva de los tejidos.

Es un procedimiento cómodo para el paciente, con buena tolerancia y excelentes resultados en múltiples patologías musculoesqueléticas.

¿En qué casos se recurre a las ondas de choque?

Las ondas de choque se utilizan principalmente en el manejo del dolor crónico o subagudo del sistema musculoesquelético. Son especialmente útiles en condiciones como:

  • Tendinitis y tendinopatías
  • Bursitis
  • Lesiones o trastornos musculares
  • Fracturas con mala consolidación (cuando el hueso no ha unido correctamente)

Existen patologías en las que, según la evidencia científica, los pacientes suelen obtener mejores resultados cuando se inicia el tratamiento con ondas de choque y se combina con otras terapias. Sin embargo, en la mayoría de casos, al tratarse de enfermedades crónicas o subagudas, el manejo suele comenzar con medidas convencionales: terapia física, analgésicos y otros tratamientos iniciales.

Cuando el paciente no experimenta mejoría con estas intervenciones, es cuando se considera escalar a terapias de mayor tecnología, como las ondas de choque.

Es importante aclarar que este tratamiento rara vez se utiliza de forma aislada para enfermedades musculoesqueléticas. Generalmente, forma parte de un plan integral, donde se combinan diferentes herramientas terapéuticas para potenciar los resultados.

En medicina, se suele iniciar con las opciones menos invasivas y con menor riesgo de efectos secundarios, e ir avanzando progresivamente según la respuesta del paciente. Por eso, las ondas de choque no son “mejores” que otros tratamientos, sino que complementan el abanico de opciones disponibles para manejar estas patologías.

¿En qué partes del cuerpo se pueden aplicar?

Las ondas de choque pueden aplicarse en la mayoría de estructuras del sistema musculoesquelético. Sin embargo, deben evitarse zonas cercanas al tejido pulmonar, al corazón y a estructuras donde el tratamiento pueda representar un riesgo.

Aunque existen estudios experimentales que exploran su uso en el sistema nervioso central, actualmente no se aplican en el cerebro, el corazón ni los pulmones.

¿Cuál es el porcentaje de éxito de las ondas de choque?

Las ondas de choque son un tratamiento altamente efectivo. En general, se habla de un 80% a 95% de éxito, dependiendo de la enfermedad o lesión que se esté tratando. En algunas patologías musculoesqueléticas la respuesta es muy alta, mientras que en otras, aunque menor, sigue siendo clínicamente significativa.

El resultado final depende de factores como el tipo de lesión, el tiempo de evolución, la combinación con otros tratamientos y la adherencia del paciente a las recomendaciones terapéuticas.

¿Existen riesgos asociados al tratamiento?

Cuando se utilizan equipos de última generación, las sesiones suelen ser muy seguras y bien toleradas. Es un tratamiento no invasivo, ampliamente utilizado y con un perfil de seguridad favorable. Lo que puede presentarse en algunos pacientes es:

  • Leve molestia o incomodidad en el área tratada durante o después de la sesión.
  • Pequeños hematomas o equimosis, especialmente en pacientes anticoagulados.

Fuera de esto, no se han descrito efectos secundarios importantes. Por eso, las ondas de choque se consideran una herramienta terapéutica segura, amable con los tejidos y adecuada incluso para pacientes con tratamientos médicos complejos, siempre bajo la valoración de un especialista.

¿Cuánto tiempo dura el efecto de las ondas de choque?

Las ondas de choque no se aplican para generar un efecto temporal, sino para reparar el tejido dañado. Por eso, su beneficio no se mide en semanas o meses, sino en la recuperación del tejido tratado.

Al tratarse de un proceso fisiológico reparativo, una vez que el tejido sana, el problema queda resuelto. Para que la misma enfermedad reaparezca, tendría que existir una nueva lesión o agresión sobre ese tejido.

En otras palabras: si el tejido se repara correctamente, el resultado es duradero y no requiere sesiones periódicas, a menos que ocurra un nuevo evento lesional en el futuro.

¿Qué tanto dolor producen las ondas de choque?

Aunque existe la percepción de que las ondas de choque son muy dolorosas —algo que era cierto con tecnologías más antiguas—, los equipos de última generación, como los utilizados en la Clínica del Campestre, ofrecen una experiencia mucho más cómoda. Las sesiones son ambulatorias, no invasivas y bien toleradas en personas de cualquier edad.

La mayoría de los pacientes experimentan solo una molestia leve o un mínimo dolor en el sitio de aplicación. Por eso, al finalizar el procedimiento, pueden retomar sus actividades normales de inmediato y sin ninguna limitación.

Esta nueva tecnología permite intervenir de manera segura y amable con los tejidos, obteniendo los beneficios de un tratamiento regenerativo sin generar daño adicional.

Si deseas agendar una cita para tratamiento con ondas de choque, en la Clínica del Campestre contamos con este servicio y con especialistas capacitados en medicina musculoesquelética y terapias regenerativas, listos para brindarte una valoración integral y un plan de manejo personalizado.

 

 

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¿Qué es la microbiota de la piel?

¿Qué es la microbiota?

La microbiota es un ecosistema de microorganismos que habita en el cuerpo humano. Está compuesta por bacterias, hongos, virus, ácaros y parásitos, que conviven en equilibrio y cumplen funciones esenciales para la salud. Para entender su magnitud, vale la pena mencionar que el 90% de las células que hay en el cuerpo pertenecen a la microbiota, solo el 10% son células propiamente humanas; lo que demuestra su enorme influencia.

La microbiota se encuentra en diferentes partes del cuerpo: en la boca, el tracto respiratorio superior, el tracto gastrointestinal (donde cumple funciones especialmente importantes), la piel y la vagina. Aquí es vital entender que no podemos hablar de la microbiota intestinal de manera aislada, sin considerar la microbiota de la boca, la piel o cualquier otra zona. Todas ellas están en constante comunicación, intercambiando señales químicas y modulando la actividad de células y órganos en diferentes partes del cuerpo.

En otras palabras, la microbiota forma una red interconectada que trabaja de manera coordinada para mantener el equilibrio y la salud del organismo.

¿Hay una microbiota más importante que las demás?

Aunque todas las microbiotas del cuerpo cumplen funciones esenciales, la microbiota intestinal es, hasta ahora, la más estudiada y posiblemente la más importante. En el intestino habita una enorme comunidad de microorganismos que actúan como una barrera física y química frente a lo que ingerimos cada día.

Cuando comemos, junto con los alimentos llegan también sustancias y microorganismos que pueden ser dañinos para nuestro organismo. Aquí entra en acción la microbiota intestinal; se puede imaginar como un equipo de recicladores que selecciona lo que sirve y desecha lo que no. Si detecta agentes patógenos —es decir, microorganismos que pueden causar enfermedad—, los ataca directamente y alerta al sistema inmunológico y a las células intestinales para que respondan y los eliminen. Gracias a esto, la microbiota intestinal ayuda a mantener el equilibrio inmunológico, no solo en el intestino, sino también en otros órganos como el pulmón, la piel, el sistema nervioso y el mismo sistema digestivo.

Además, la microbiota intestinal tiene funciones metabólicas y neuroendocrinas. Produce vitaminas esenciales, como la vitamina K, y genera sustancias que actúan sobre el sistema nervioso, influyendo incluso en el estado de ánimo y en la función cerebral. Por eso, cuando la microbiota intestinal se altera, por ejemplo a causa de una mala alimentación, el estrés o el uso excesivo de antibióticos, pueden verse afectados distintos sistemas del cuerpo, demostrando así lo interconectado que está este universo microscópico.

Microbiota cutánea

Otra microbiota que merece especial atención es la microbiota cutánea, es decir, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestra piel; ya que, como se mencionó antes, el cuerpo humano tiene muchos más microorganismos que células en la piel, y su función es muy similar a la de la microbiota intestinal.

La microbiota cutánea actúa como una barrera física y química: protege frente a microorganismos dañinos, previene infecciones, ayuda a una adecuada cicatrización y mantiene el pH de la piel en equilibrio. Adicionalmente, produce sustancias que benefician directamente a la piel, favoreciendo su salud y su capacidad de regeneración.

Uno de los aspectos más interesantes de la microbiota cutánea es su influencia en el pH de la piel. No es casualidad que actualmente muchos limpiadores destaquen tener un pH ácido, puesto que la piel funciona de manera óptima cuando se mantiene entre 5.5 y 6. Este equilibrio lo regula, en gran parte, la microbiota, que ayuda a conservar un entorno ácido ideal para que las enzimas cutáneas cumplan sus funciones y la piel mantenga su barrera protectora natural.

¿Qué factores pueden afectar la microbiota?

La composición de la microbiota, tanto intestinal como cutánea, no es estática. Se ve influenciada por numerosos factores intrínsecos y extrínsecos, desde el momento mismo del nacimiento.

Uno de los primeros determinantes es el tipo de parto. Los bebés nacidos por parto natural adquieren una microbiota más diversa y equilibrada que aquellos nacidos por cesárea. De hecho, estudios han demostrado una relación entre el parto por cesárea y una mayor incidencia de dermatitis atópica durante la infancia.

También interviene la genética, que define parte de nuestra predisposición a ciertas enfermedades o condiciones, como la obesidad. Desde el nacimiento, cada persona desarrolla una microbiota única que la caracteriza y esta va cambiando a lo largo de la vida. Durante la pubertad, por ejemplo, el aumento de grasa en la piel modifica el ecosistema microbiano, permitiendo que nuevos microorganismos cumplan funciones específicas. Más adelante, con el paso de los años y la vejez, la piel se vuelve más seca y la microbiota vuelve a transformarse, adaptándose a esas nuevas condiciones.

Factores intrínsecos que afectan la microbiota

El estado nutricional es un factor fundamental, dado que los microorganismos que habitan la piel también se alimentan de ella. Por eso, mantener una nutrición adecuada es esencial para conservar una microbiota equilibrada.

Asimismo, algunas enfermedades no infecciosas, como las inmunológicas, la hipertensión arterial o la diabetes, pueden alterar este ecosistema y afectar su equilibrio natural.

Factores extrínsecos que afectan la microbiota

Entre los factores extrínsecos está:

El medio ambiente: la contaminación y la polución en las grandes ciudades influyen directamente sobre la microbiota. Un estudio realizado en Brasil mostró que las personas que viven en zonas rurales cercanas al Amazonas tienen una microbiota más sana y diversa que quienes habitan en ciudades, evidenciando el impacto del entorno sobre este equilibrio.

El estilo de vida: las personas sedentarias presentan una microbiota diferente a las activas físicamente. Mantener una vida activa favorece su diversidad y estabilidad.

La ropa: usar prendas demasiado ajustadas o permanecer mucho tiempo con ropa húmeda por sudor puede modificar el pH de la piel y alterar la microbiota.

La limpieza: en la vida moderna, sobre todo en las grandes ciudades, se ha vuelto común el exceso de higiene. El uso de jabones muy alcalinos o demasiado agresivos elimina la grasa natural de la piel, altera su pH y debilita la microbiota.

La radiación solar: la exposición excesiva al sol, especialmente sin protector solar, puede afectar de forma negativa la microbiota cutánea.

Los cosméticos: el uso excesivo de cremas, maquillajes o productos faciales, o no retirarlos adecuadamente, genera desequilibrios. Esto permite que algunos microorganismos crezcan más que otros, produciendo desbalance en el ecosistema cutáneo.

¿Qué pasa cuando la microbiota está alterada?

Está comprobado que muchas enfermedades de la piel se asocian con alteraciones en la microbiota cutánea. Entre ellas se encuentran la psoriasis, una enfermedad que causa lesiones en codos y rodillas; la dermatitis atópica, que suele aparecer en niños y se caracteriza por piel seca, picazón intensa y lesiones inflamatorias; el acné; las alergias cutáneas; y la dermatitis seborreica, conocida por provocar una caspa intensa y enrojecimiento.

Cuando la microbiota está desequilibrada, la piel pierde parte de su barrera natural y se vuelve más susceptible a inflamaciones, infecciones y reacciones adversas. Sin embargo, mejorar la microbiota no significa curar por completo estas enfermedades, pero sí ayuda a controlarlas de forma más efectiva.

Hoy en día, el enfoque de los tratamientos ha cambiado. Ya no se trata solo de “tomar una pastilla” o “aplicarse una crema”, sino de un manejo integral que incluye: cuidar la microbiota, mantener una higiene adecuada, adoptar un estilo de vida saludable y llevar una alimentación equilibrada. Cuando estos aspectos se combinan con el tratamiento médico indicado, las enfermedades cutáneas tienden a controlarse mucho mejor y la piel recupera parte de su equilibrio natural.

¿Cómo cuidar la microbiota de la piel?

Una de las estrategias más efectivas para cuidar la microbiota es la alimentación.

Consumir legumbres, verduras y alimentos verdes favorece una microbiota más diversa y saludable. La llamada dieta mediterránea, rica en frutas, vegetales, cereales integrales, frutos secos y grasas saludables (como el aceite de oliva), mejora tanto la microbiota intestinal como la cutánea. Además, se recomienda evitar productos agresivos, hidratar la piel, usar protector solar y mantener hábitos de vida saludables que promuevan su equilibrio.

En síntesis, cuidar la microbiota es cuidar la salud de la piel. Este ecosistema invisible desempeña un papel fundamental en su equilibrio, protección y regeneración. Si notas alteraciones, como irritación, enrojecimiento, picazón o brotes frecuentes, en la Clínica del Campestre contamos con especialistas en dermatología que te brindarán el acompañamiento adecuado y el tratamiento más oportuno para tu caso.

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Alopecia

Tratamientos para la caída del pelo

¿Por qué se cae el pelo?

Es importante entender que el pelo, como todo en nuestro cuerpo, sigue ciclos naturales. Existen dos fases principales:

  • Fase de crecimiento (anágena): en ella se encuentra alrededor del 90% de nuestros pelos.
  • Fase previa a la caída (telógena): aquí se ubica aproximadamente el 10% restante.

Es completamente normal que el pelo se caiga; de hecho, una persona puede perder entre 100 y 200 al día, dependiendo de la fase en la que se encuentren los folículos. Este proceso ocurre de manera asincrónica, es decir, no todos los pelos se desprenden al mismo tiempo, lo que evita la calvicie repentina.

Se considera anormal cuando la caída es más abundante de lo habitual o interfiere con la rutina diaria. Algunas señales de alerta incluyen pérdida de densidad capilar en zonas específicas, disminución del grosor del pelo (cuando la trenza o la cola se ven más delgadas), y mayor cantidad de pelos en lugares inusuales como la almohada, la ducha o incluso los alimentos.

La caída del pelo puede estar asociada a múltiples factores: predisposición genética, cambios hormonales, deficiencias nutricionales, alteraciones tiroideas e incluso los hábitos de cuidado capilar.

¿Ocurre más en los hombres o en las mujeres?

La caída del pelo afecta tanto a hombres como a mujeres. Dependiendo de la causa o del tipo de alopecia, puede predominar más en un sexo que en el otro.

En el caso de las mujeres, existen algunos factores adicionales que aumentan el riesgo de caída, como los cambios hormonales, el embarazo, el posparto, la lactancia o la menopausia, que pueden favorecer la pérdida de pelo en determinadas etapas de la vida.

¿A qué edad se empieza a caer el pelo?

No existe una edad específica para el inicio de la caída del pelo, ya que esto depende del tipo de alopecia. Por ejemplo, la alopecia androgenética en muchos casos comienza en edades tempranas en personas con predisposición genética; sin embargo, la consulta médica suele darse en la etapa adulta, cuando el proceso pudo haber iniciado años atrás.

En cambio, otras formas de alopecia, como la alopecia frontal fibrosante, aparecen con mayor frecuencia en mujeres después de la menopausia. Por lo tanto, la edad de inicio varía y está directamente relacionada con el tipo de alopecia que se presente.

¿Cuáles son los tipos de alopecia?

Existen muchos tipos de alopecia, y los dermatólogos —especialmente los tricólogos— las clasifican según diferentes factores. De manera general, se dividen en dos grandes grupos: cicatriciales y no cicatriciales.

En las alopecias cicatriciales, el pelo se cae, el folículo se cierra y no existe posibilidad de que vuelva a crecer. Suelen acompañarse de cambios en la piel del cuero cabelludo, como enrojecimiento, descamación, picazón, ardor o alteraciones en la textura. Por ejemplo, cuando la piel se ve muy lisa, como la de un bebé, probablemente ya no haya folículos activos y esto dificulta que se pueda recuperar el pelo en esa zona.

Por otro lado, en las alopecias no cicatriciales el folículo se conserva, por lo que con un buen diagnóstico y tratamiento es posible estimular el crecimiento del pelo nuevamente. Entre estas destacan dos formas muy frecuentes:

  • Alopecia androgenética: en la práctica médica es la que más se diagnostica. En este tipo, más que una caída evidente, ocurre un adelgazamiento progresivo del pelo. En los hombres, suele presentarse principalmente en las entradas y la coronilla, mientras que en las mujeres es más notorio en la zona de la raya o partido.
  • Efluvios: son caídas o “mudas” transitorias del pelo que pueden deberse a múltiples causas: cambios hormonales, pérdida rápida de peso, ciertas dietas, deficiencias alimentarias o cuadros virales —como el COVID—, entre otros.

Estas son las formas más comunes, pero siempre será la evaluación médica la que determine qué tipo de alopecia presenta cada paciente y cuál es el tratamiento más adecuado.

¿Cuáles son los principales tratamientos para evitar la caída del pelo?

Los tratamientos varían según el tipo de alopecia. En algunos casos se requiere el uso de medicamentos; entre ellos, el minoxidil es uno de los más conocidos y puede utilizarse de forma tópica, aplicada directamente en el cuero cabelludo, o incluso en presentación oral. Existen también otros fármacos dirigidos a causas hormonales, como la espironolactona, dutasteride o finasteride, además de otras alternativas con diferentes principios activos que ayudan a frenar la caída. Por eso es fundamental recalcar que cada tipo de alopecia requiere un enfoque terapéutico distinto.

El éxito del tratamiento depende en gran medida de la clasificación de la alopecia. En las alopecias cicatriciales, el pronóstico es más limitado, ya que el pelo que se ha perdido no se recupera. En estos casos, el objetivo principal es detener la progresión y preservar la mayor cantidad de folículos posible.

En las alopecias no cicatriciales, el resultado depende tanto del tipo como del grado de avance. Con un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado, en muchos casos es posible recuperar pelo o mejorar la densidad capilar.

Cuando no existe una caída activa ni alteraciones en el ciclo del pelo, no es recomendable iniciar tratamientos innecesarios, pues algunos pueden tener efectos secundarios. En estos casos, la mejor estrategia preventiva es mantener hábitos saludables, ya que influyen directamente en la salud capilar: llevar una buena alimentación, realizar actividad física regular y dormir adecuadamente favorece el crecimiento y la calidad del pelo.

¿Qué procedimientos existen para recuperar el pelo?

Existen diferentes procedimientos que pueden ayudar a mejorar la calidad del pelo o controlar su caída, dependiendo siempre del tipo de alopecia. Entre los más utilizados se encuentran:

  • La mesoterapia capilar: consiste en la infiltración de sustancias en el cuero cabelludo, como nutrientes y vitaminas, que ayudan a fortalecer y mejorar la calidad del pelo.
  • Plasma rico en plaquetas (PRP): se obtiene a partir de la propia sangre del paciente. Las plaquetas contienen factores de crecimiento que pueden estimular los folículos y ser útiles en distintos tipos de alopecia.
  • Infiltración de medicamentos: en ciertos casos, se aplican directamente en el cuero cabelludo medicamentos como corticoides, que ayudan a desinflamar u otras sustancias que regulan el equilibrio hormonal del folículo.
  • Trasplante capilar: es una de las alternativas más consultadas por los pacientes. Sin embargo, no está indicada en todos los tipos de alopecia ni en todas las edades. Es importante entender que el trasplante no constituye un tratamiento en sí, sino un procedimiento de camuflaje, cuyo objetivo es cubrir las áreas con menor densidad capilar. Además, aunque se realice un trasplante, sigue siendo necesario continuar con los tratamientos médicos de base para evitar la progresión de la alopecia.

La elección del procedimiento depende siempre del tipo de alopecia y de la valoración médica individual, ya que no todos los tratamientos son apropiados para todos los pacientes.

¿Qué rutinas diarias afectan la caída del pelo?

Además de los factores internos que influyen en la caída del pelo, la cosmética capilar y los hábitos de cuidado diario también tienen un papel importante. Existen factores externos que pueden debilitar la fibra capilar y comprometer el volumen del pelo.

Entre los más comunes se encuentran los procesos químicos, como los alisados (incluso los que se consideran suaves), las decoloraciones o las tinturas frecuentes. Estos procedimientos van deteriorando la fibra capilar con el tiempo, haciéndola más frágil.

Otro aspecto que influye es el uso inadecuado de productos para el pelo, ya sea porque no están formulados para las necesidades de cada persona o porque se aplican de manera incorrecta. A esto se suma la exposición excesiva a herramientas de calor, como planchas y secadores, que favorecen la resequedad, el daño estructural y la rotura del pelo.

Todos estos factores no solo deterioran la fibra capilar, sino que también pueden dar la impresión de una caída mayor, ya que el pelo se debilita y se rompe con facilidad.

En síntesis, la caída del pelo es un proceso común que puede tener múltiples causas y manifestarse de distintas formas. No siempre representa una enfermedad, pero cuando se vuelve excesiva o persistente, requiere una valoración médica especializada. Un diagnóstico oportuno permite identificar el tipo de alopecia y elegir el tratamiento más adecuado. Asimismo, mantener hábitos de vida saludables y cuidar la cosmética capilar son pilares fundamentales para preservar la salud del pelo y mejorar su calidad a lo largo del tiempo.

Si notas una caída anormal del pelo, en la Clínica del Campestre contamos con especialistas en dermatología y tricología para brindarte el acompañamiento adecuado y ofrecerte el tratamiento más adecuado para tu caso.

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LCA

Lesión de ligamento cruzado anterior

En la rodilla se encuentran cuatro ligamentos principales: el colateral interno, el colateral externo y los dos cruzados, que son el ligamento cruzado anterior (LCA) y el ligamento cruzado posterior. La lesión del ligamento cruzado anterior ocurre cuando este se rompe parcial o totalmente, situación que suele originarse generalmente por la práctica deportiva o por accidentes de tránsito.

Cuando el LCA se rompe, pierde su función principal: brindar estabilidad a la rodilla e impedir que la tibia se desplace hacia adelante. Esta pérdida de estabilidad permite movimientos inadecuados dentro de la articulación, lo que con el tiempo puede generar lesiones secundarias como daños en los meniscos, desgaste del cartílago y, en consecuencia, un deterioro progresivo de la articulación.

¿Cuáles son los movimientos o situaciones más comunes que causan la lesión de ligamento cruzado anterior?

Las lesiones del ligamento cruzado anterior pueden ocurrir por traumas de contacto o traumas de no contacto.

 Los traumas de contacto se presentan cuando existe un golpe directo sobre la rodilla, por ejemplo, en un accidente de tránsito o durante un choque físico en un deporte.

 Los traumas de no contacto, por el contrario, ocurren sin que haya un golpe directo. Son los más frecuentes y representan cerca del 70% de las lesiones de LCA, especialmente en el ámbito deportivo. En este último caso, la lesión suele producirse cuando el deportista salta o cambia de dirección de manera brusca y la rodilla se mueve de forma inadecuada. El mecanismo típico es el siguiente: la rodilla se desplaza hacia adentro, la tibia rota internamente y el pie permanece fijo en el suelo en una posición de pronación (cuando el pie se apoya hacia el interior). Esta combinación de movimientos es la que provoca la ruptura del ligamento cruzado anterior.

¿Por qué es tan común en el fútbol la lesión de ligamento cruzado anterior?

La lesión del ligamento cruzado anterior no es exclusiva del fútbol; también es frecuente en otros deportes que implican giros, frenadas y cambios bruscos de dirección. El esquí, por ejemplo, suele provocar este tipo de lesiones cuando la tabla queda atascada en la nieve y la rodilla continúa en movimiento. Lo mismo ocurre en disciplinas como el baloncesto, el voleibol y otros deportes similares que demandan saltos, pivotes y rotaciones rápidas de la rodilla.

Sin embargo, el fútbol es el deporte en el que más se mencionan estas lesiones. Esto no se debe únicamente a la exigencia física de la práctica, sino también a que es el deporte más popular y seguido en todo el mundo; por esa razón, cada vez que un jugador se lesiona, tiene una mayor visibilidad mediática en redes sociales y prensa, lo que hace que la lesión de ligamento cruzado anterior se asocie más con el fútbol que con otros deportes.

¿Cómo es el tratamiento y la recuperación de la lesión de ligamento cruzado anterior?

El tratamiento de las lesiones del ligamento cruzado anterior depende de cada paciente y, en general, se puede dividir en dos grandes grupos:

  1. Pacientes mayores (más de 50 años): En este grupo, la cirugía no suele ser la primera opción. La mayoría de las veces se opta por un manejo basado en rehabilitación y fortalecimiento, con el objetivo de recuperar estabilidad en la rodilla y mejorar la funcionalidad para la vida diaria. En estos casos, el propósito no es tanto prevenir lesiones futuras, sino controlar los síntomas de inestabilidad.
  1. Pacientes jóvenes (20 a 30 años): En personas más jóvenes, incluso cuando no presentan síntomas claros de inestabilidad, la cirugía es recomendable para prevenir lesiones a largo plazo. Una rodilla inestable no tratada quirúrgicamente puede ocasionar que, en un plazo de cinco años, hasta el 90% de los pacientes desarrollen lesiones adicionales, como daño en el menisco o en el cartílago.

En términos generales, el tratamiento quirúrgico es el más común en la ortopedia, ya que busca restaurar la estabilidad de la rodilla y proteger la articulación de futuros daños. No obstante, también existe la opción de un tratamiento no quirúrgico, indicado para pacientes con poca inestabilidad; este se centra en programas de rehabilitación, fortalecimiento muscular y control del movimiento, que ayudan a reducir el riesgo de nuevas lesiones y permiten mantener una buena calidad de vida sin necesidad de cirugía.

¿Cuáles son los ejercicios de recuperación ante una lesión de ligamento cruzado anterior?

La recuperación después de una lesión de ligamento cruzado anterior se basa principalmente en ejercicios que buscan devolverle a la rodilla estabilidad, fuerza y coordinación. Dicho de una forma sencilla, se trata de entrenar al cuerpo para que los músculos y las articulaciones trabajen en conjunto de manera eficiente.

Algunos de los objetivos principales de estos ejercicios son:

  • Mejorar la coordinación y el equilibrio: lograr mantenerse estable apoyado en una sola pierna y controlar los movimientos de la rodilla en diferentes direcciones.
  • Fortalecer el “core”: la zona central del cuerpo (abdomen, espalda baja y cadera) es clave para proteger la rodilla, ya que un core fuerte ayuda a estabilizar los movimientos y reduce el riesgo de nuevas lesiones.
  • Entrenar los movimientos rotacionales: enseñar al cuerpo a realizar giros y cambios de dirección de forma controlada, evitando movimientos bruscos que puedan comprometer la rodilla.

Cuando estos aspectos se trabajan de manera adecuada, no solo se facilita la recuperación tras la cirugía o rehabilitación, sino que también disminuye de forma considerable el riesgo de sufrir nuevamente una lesión del ligamento cruzado anterior.

Recuerda que, si necesitas acompañamiento especializado, en la Clínica del Campestre contamos con un módulo de rodilla y un equipo de especialistas con amplia experiencia para apoyarte en tu proceso de recuperación.

 

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¿Por qué fallecen los deportistas?

Es común escuchar que el ejercicio físico es un factor protector para la salud. Y lo es; sin embargo, surge una pregunta que parece contradictoria: ¿por qué fallecen algunos deportistas durante la práctica deportiva?

Aunque el deporte no previene la muerte, sí contribuye significativamente a mejorar la calidad de vida y aumentar la esperanza de vida. Aun así, existen casos —algunos muy mediáticos— de muerte súbita durante el ejercicio, especialmente en atletas jóvenes y adultos durante competencias o entrenamientos.

Los estudios muestran que la principal causa de muerte súbita en personas activas es de origen cardiovascular. Esto ocurre tanto en atletas de alto rendimiento como en personas físicamente activas. Se identifican dos grupos etarios clave:

  1. Deportistas menores de 35 años: suelen presentar trastornos del ritmo cardíaco, canalopatías o miocardiopatías hereditarias, como:
    • Miocardiopatía hipertrófica
    • Miocardiopatía dilatada
    • Displasia arritmogénica del ventrículo derecho
  2. Deportistas mayores de 35 años: en este grupo, la causa más frecuente es la enfermedad coronaria, es decir, obstrucciones en las arterias del corazón que pueden desencadenar un infarto agudo de miocardio y, eventualmente, una muerte súbita.

¿Qué sucede en el cuerpo durante el ejercicio?

Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo entra en un estado de estrés fisiológico controlado. El corazón, como cualquier otro músculo, responde a esa demanda:

  • Se aumenta la frecuencia cardíaca
  • Se eleva la presión arterial
  • Se incrementa la necesidad de oxígeno en músculos y órganos

Durante una prueba de esfuerzo máxima, por ejemplo, es normal observar presiones arteriales de 180/70 mmHg en un adulto sano de 30 años. Aunque pueda parecer alarmante, se trata de una respuesta adaptativa del organismo. Como explican los especialistas, el corazón funciona como un motor: si se le exige más, debe revolucionarse para responder.

Pero, ¿qué pasa si ese motor no ha sido entrenado?

Cuando el cuerpo no está acondicionado, el ejercicio puede representar un riesgo. Diversos estudios han demostrado que el riesgo de muerte súbita aumenta durante la actividad física y hasta una hora después. Sin embargo, este riesgo se reduce de forma significativa en personas que entrenan de manera constante.

En cambio, quienes hacen ejercicio solo una vez por semana tienen un riesgo mucho más alto que quienes entrenan tres o más veces.

Uno de los perfiles más vulnerables es el deportista ocasional, aquel que deja el fútbol para el domingo o la trotada para la ciclovía, pero permanece inactivo el resto de la semana. Este tipo de rutina irregular impide que el cuerpo se adapte al esfuerzo, aumentando la probabilidad de lesiones y eventos cardiovasculares como infartos o arritmias.

La buena noticia es que la mayoría de estos riesgos son prevenibles. Una valoración médica previa, especialmente en personas con antecedentes familiares o síntomas, es fundamental para garantizar que el ejercicio se practique de forma segura.

¿Qué precauciones debe tener una persona cuando practica un deporte como profesional o aficionado?

Prevenir todos los casos de muerte súbita es, en la práctica, imposible. Siempre existirán situaciones impredecibles, incluso en personas que han tomado todas las precauciones. Así es la vida; no obstante, la gran mayoría de casos son prevenibles, manejables y detectables con anticipación.

El primer paso está en identificar adecuadamente el tipo de población. Durante años, guías y referentes internacionales no recomendaban realizar tamizaje cardiovascular a los deportistas de alto rendimiento antes de competir; pero estos atletas tienen una gran ventaja: cuentan con un equipo médico que los conoce, los acompaña 24/7 y monitorea su estado de salud de forma continua.

Esto contrasta con la realidad del deportista recreativo… la persona que hace ejercicio por salud o bienestar emocional, como el ejecutivo que corre por las mañanas o el aficionado al ciclismo de fin de semana. Aunque se presume que están sanos por ser jóvenes y activos, muchos podrían tener condiciones congénitas silentes que solo se manifiestan bajo esfuerzo físico intenso.

Por eso, reconocerse, conocerse y evaluarse es esencial para prevenir complicaciones.

Realizar una valoración médica antes de iniciar o intensificar una rutina de ejercicio no debería ser opcional. Muchas condiciones cardíacas no dan síntomas hasta que se activan por el esfuerzo. El ejercicio debe planificarse con responsabilidad.

Es común que personas con prediabetes, hipertensión o sobrepeso lleguen a consulta tras comenzar a hacer ejercicio de forma brusca, sin preparación, y terminen con lesiones o complicaciones evitables.

Hacer ejercicio no es solo moverse, es entrenar el cuerpo para que se mueva bien. Como en el desarrollo infantil, primero se levanta la cabeza, se repta, se gatea, se camina. Lo mismo aplica para el ejercicio físico: progresar paso a paso, respetando las capacidades del cuerpo.

¿Qué herramientas se recomiendan para monitorear la actividad física?

Hoy en día existen múltiples dispositivos tecnológicos que permiten monitorear el ejercicio físico y brindar datos relevantes para cuidar la salud durante la actividad. Entre los más utilizados se encuentran los relojes inteligentes, anillos y bandas deportivas, capaces de medir en tiempo real variables vitales del sistema cardiovascular. Los datos más comunes que ofrecen son: frecuencia cardíaca, variabilidad de la frecuencia cardíaca, calidad del sueño y estado de fatiga o recuperación.

Algunos modelos avanzados incluso generan alertas automáticas cuando detectan niveles de fatiga elevados o patrones irregulares en la frecuencia cardíaca.

¿Cuál debe ser la intensidad del ejercicio?

Una de las recomendaciones más frecuentes en consulta es conocer la frecuencia cardíaca máxima. Para estimarla, se utiliza una fórmula poblacional sencilla: 220 menos la edad.

Sin embargo, si se desea una medición más precisa, lo ideal es realizar una prueba física controlada que lleve al corazón a su máximo rendimiento.

Cada persona responde de manera diferente, y entrenar con seguridad empieza por conocer los propios límites fisiológicos.

¿Se recomiendan los suplementos alimenticios para mejorar el desempeño físico?

El uso de suplementos alimenticios en el deporte debe abordarse con precaución y siempre bajo supervisión profesional. Si bien existen sustancias que pueden complementar la alimentación y optimizar el rendimiento, también hay productos que están contraindicados y representan un riesgo para la salud, especialmente en personas con condiciones cardiovasculares.

Es fundamental entender que no todos los suplementos son necesarios y que muchos de los nutrientes que ofrecen pueden obtenerse a través de una alimentación equilibrada. En algunos casos, puede haber deficiencias o requerimientos especiales que justifiquen la suplementación con proteínas, creatina, magnesio u otros compuestos, pero esto debe determinarse con base en una valoración médica y nutricional individual.

¿Cuáles son los signos de alarma cuando se está practicando un deporte o haciendo actividad física?

Hay señales que no deben ignorarse durante la actividad física. Se recomienda consultar de inmediato si se presentan:

  • Dolor en el pecho asociado al ejercicio
  • Desmayos o síncope durante la actividad
  • Palpitaciones intensas o inesperadas, especialmente en reposo
  • Fatiga extrema no relacionada con el esfuerzo habitual

En personas mayores de 30–35 años que nunca se han realizado una valoración médica, es fundamental realizar un chequeo metabólico y cardiovascular completo antes de iniciar cualquier programa de entrenamiento.

¿Esto significa que se debería evitar el deporte?

En absoluto. Practicar ejercicio físico tiene muchos más beneficios que riesgos. En la balanza de la salud, el ejercicio siempre será un factor protector, tanto para el sistema cardiovascular como para la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles.

Lo importante es hacerlo de forma progresiva, segura y consciente. Estadísticamente, la tasa de muerte súbita en la población general se estima en 69 por cada 100.000 personas al año, mientras que en personas físicamente activas es menor a 2 por cada 100.000.

La diferencia es clara. El ejercicio es esencial para vivir mejor y por más tiempo, pero debe practicarse con responsabilidad, conocimiento y acompañamiento profesional. En la Clínica del Campestre, nuestros especialistas en medicina del deporte están listos para ayudarte. Agenda tu valoración médica y empieza a entrenar con seguridad.

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Causas de la cefalea

Causas del dolor de cabeza y posibles tratamientos

¿Qué es la cefalea?

La cefalea, conocida comúnmente como dolor de cabeza, es una de las causas más frecuentes de consulta tanto en neurología como en medicina general. Se estima que entre el 90% y el 95% de la población mundial ha experimentado al menos un episodio de cefalea a lo largo de su vida, lo que la convierte en una condición extremadamente común.

Causas de la cefalea

Las causas del dolor de cabeza o cefalea se clasifican en dos grandes grupos: cefaleas primarias y cefaleas secundarias.

Cefaleas primarias

Las cefaleas primarias son aquellas que no están asociadas a una lesión estructural dentro del cerebro ni a una enfermedad subyacente. Suelen presentarse de forma recurrente y crónica en el tiempo

Entre las cefaleas primarias más comunes se encuentran:

  • La migraña: uno de los tipos más conocidos, suele ir acompañada de otros síntomas como náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz o al sonido.
  • Cefalea tensional: es la cefalea primaria más frecuente en el mundo, aunque muchas veces pasa desapercibida. Su intensidad suele ser leve a moderada, por lo que muchos pacientes no consultan, lo que genera un subregistro importante.

Cefaleas secundarias

Las cefaleas secundarias tienen una causa específica y clara. Se presentan como síntoma de una condición médica subyacente, como:

  • Tumores
  • Trombosis venosa cerebral
  • Traumatismos craneales
  • Sobrecarga por medicamentos, especialmente el sobreúso de analgésicos

Uno de los desencadenantes más frecuentes de cefalea secundaria es este último punto: el uso excesivo de analgésicos. En estos casos, el paciente puede tener una cefalea primaria preexistente (como migraña o cefalea tensional) y, al tomar analgésicos de forma diaria o casi diaria, desarrolla una nueva cefalea secundaria llamada cefalea por sobreúso de medicamentos, que empeora el dolor original

¿Cómo se manifiesta la cefalea o dolor de cabeza?

Todo dolor de cabeza es, en realidad, un síntoma. No se considera una enfermedad por sí sola, sino una manifestación de algo más. En el caso de la migraña, el dolor suele ser pulsátil, lo que significa que se percibe como un latido dentro de la cabeza o un tipo de martilleo constante. Es característico que durante estos episodios intensos aparezca molestia a la luz (fotofobia), molestia a los olores fuertes (osmofobia) y molestia al ruido (fonofobia).

Existen también otros dolores de cabeza primarios, como la cefalea tipo tensión, que se caracteriza por ser de menor intensidad. Generalmente, se presenta en la parte frontal de la cabeza, como si fuera una banda que la rodea. Este tipo de cefalea no suele acompañarse de náuseas, fotofobia ni fonofobia, lo que la diferencia claramente de la migraña.

¿Cuándo una cefalea requiere consulta médica?

 Es importante destacar que no existe un “dolor de cabeza normal”. Es decir, no es normal tener dolor de cabeza con frecuencia, y no debemos minimizarlo ni acostumbrarnos a convivir con él. Cualquier dolor de cabeza, ya sea leve o intenso, tiene una causa que lo origina.

Eso no significa necesariamente que se trate de una enfermedad grave, ni tampoco que todos los dolores de cabeza sean migrañas. Por eso, consultar a tiempo es clave para identificar las características del dolor, obtener un diagnóstico certero y acceder a un tratamiento adecuado.

Existen señales de alerta que indican la necesidad de consultar de manera prioritaria o incluso acudir a urgencias:

  • Si aparece en una persona mayor que nunca antes había sufrido dolores de cabeza y de repente empieza a tenerlos.
  • Si durante el dolor de cabeza se experimentan síntomas neurológicos como: parálisis de un lado del cuerpo o de la cara, dificultad para hablar, alteración en la comprensión o pérdida del conocimiento.
  • Si el dolor de cabeza se presenta junto con fiebre.
  • Si las defensas están bajas por alguna enfermedad o tratamiento y se empieza a experimentar dolor de cabeza.
  • Si el dolor de cabeza aparece asociado a la actividad sexual.
  • Si se presenta un dolor conocido como cefalea en trueno o dolor de cabeza tipo trueno, que alcanza su máxima intensidad en menos de un minuto.

Ante cualquiera de estas situaciones, es fundamental acudir de inmediato al servicio de urgencias, ya que podrían ser signos de condiciones que requieren atención médica urgente.

¿Quiénes son más proclives a sufrir de cefalea?

En realidad, todos somos proclives a sufrir cefalea. Como mencionamos antes, hasta un 95% de las personas experimentará dolor de cabeza en algún momento de su vida. Se trata de un síntoma universal, que no respeta edad: puede afectar a niños, adolescentes, adultos jóvenes, adultos mayores e incluso a personas de edad avanzada.

Cuando hablamos específicamente de migraña, los estudios muestran que las mujeres la padecen hasta tres veces más que los hombres, lo que puede estar relacionado con factores hormonales y genéticos.

Tratamientos para la cefalea

 El tratamiento del dolor de cabeza dependerá directamente de su causa. Entre las herramientas diagnósticas más utilizadas para identificar el origen de la cefalea se encuentran la tomografía cerebral y la resonancia magnética cerebral.

En el caso de las cefaleas primarias, como la migraña o la cefalea tipo tensión, el enfoque terapéutico se basa en la frecuencia del dolor. Si el dolor de cabeza es esporádico (por ejemplo, una o dos veces al mes), el tratamiento suele centrarse en el uso de analgésicos de acción rápida, con el objetivo de aliviar o eliminar el dolor en el momento del episodio.

Si el dolor es frecuente o crónico (ocurre de manera reiterada o incluso diaria), se recomienda un tratamiento preventivo. Este consiste en la administración diaria de un medicamento con tres objetivos principales: reducir la intensidad del dolor, disminuir la frecuencia de los episodios y disminuir la necesidad de analgésicos. Es fundamental comprender que este tipo de tratamiento no tiene efecto inmediato; se requiere una toma continua de entre tres a seis meses, y los primeros signos de mejoría suelen aparecer alrededor del mes y medio.

Además, quienes sufren de dolor de cabeza crónico deben evitar el uso frecuente de analgésicos, ya que esto puede empeorar la situación y derivar en una cefalea por sobreúso de medicamentos.

En resumen, si el dolor es esporádico, se puede manejar con analgésicos puntuales. Si el dolor es frecuente o crónico, es necesario un tratamiento preventivo diario, con objetivos claros y a largo plazo.

Si presentas cefaleas recurrentes, síntomas intensos o simplemente necesitas orientación sobre el diagnóstico y tratamiento adecuado, agenda una consulta con nuestros especialistas en neurología.

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Qué es el pie equino varo

¿Qué es el pie equino varo y cuál es su tratamiento?

¿Qué es el pie equino varo?

El pie equino varo es una deformidad congénita del pie, pero no se considera una malformación, ya que todos los huesos y la estructura general del pie son normales. La diferencia está en que, al nacer, la estructura no está posicionada correctamente: el talón apunta hacia arriba y hacia adentro, mientras que los dedos se orientan hacia la línea media del cuerpo.

Causas

Antes de hablar de las causas, es importante mencionar que, a través de un diagnóstico prenatal en las ecografías de tercer nivel realizadas aproximadamente entre la semana 13 y 14 de gestación, el obstetra puede detectar esta deformidad y notificar a los padres.

Las causas del pie equino varo pueden ser variadas, desde factores genéticos o asociados a otras patologías, hasta causas idiopáticas, es decir, cuando no se conoce la razón exacta y la deformidad aparece de forma aislada.

En cuanto al componente genético, puede que algún familiar haya presentado pie equino varo, pero también es posible que nadie en la familia lo haya tenido y que el bebé nazca con esta condición. Estudios muestran que existe hasta un 25% de probabilidad de que un hijo tenga pie equino varo si alguno de sus padres lo presentó. Además, si un bebé nace con esta deformidad, el riesgo de que un hermano también la tenga aumenta.

Respecto a las patologías asociadas, algunas enfermedades, como el mielomeningocele o espina bífida, pueden provocar esta deformidad. También ocurre en condiciones como la artrogriposis, donde las articulaciones tienen movilidad limitada.

A pesar de estas causas variadas, es importante destacar que existe un tratamiento efectivo, sencillo y muy agradecido que permite corregir la deformidad exitosamente y mejorar la calidad de vida de los niños.

¿Quiénes son más propensos a padecer pie equino varo?

La incidencia es de aproximadamente 1 por cada 1,000 nacidos vivos. Se presenta más comúnmente en hombres que en mujeres, con una proporción aproximada de cinco hombres por cada tres mujeres.

Tratamiento

El tratamiento para el pie equino varo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Inicialmente, se realizaban cirugías invasivas y enyesados prolongados, que dejaban los pies rígidos y con movilidad limitada.

Actualmente, el método más utilizado a nivel mundial para tratar el pie equino varo es el método Ponseti, desarrollado por el Dr. Ignacio Ponseti. Este tratamiento consiste en manipulaciones suaves y controladas del pie para corregir la deformidad, seguidas de la aplicación de un yeso que mantiene la corrección lograda.

El proceso incluye la colocación de yesos seriados, que se cambian aproximadamente cada semana, para ir ajustando progresivamente la posición del pie hasta alcanzar la corrección deseada. En muchos casos, es necesario realizar una tenotomía del tendón de Aquiles, un procedimiento sencillo que consiste en cortar el tendón para permitir su alargamiento. Esto facilita que el pie pueda alcanzar una posición completamente normal. Después de esta intervención, se coloca un yeso durante unas tres semanas para permitir que el tendón se regenere adecuadamente.

Para evitar la recaída o recidiva de la deformidad, el bebé debe usar una férula o bota ortopédica (como la férula de Dennis Brown o la férula de Iowa); estas herramientas mantienen el pie en una posición correcta, asegurando que el tratamiento sea exitoso a largo plazo. Se debe destacar que el resultado positivo depende en gran medida del compromiso de los padres para asegurar el uso adecuado de la férula según las indicaciones médicas. Inicialmente, el bebé debe llevarla día y noche hasta que comience a gatear y caminar. Posteriormente, el uso se restringirá a la noche hasta aproximadamente los 4 o 5 años, con el objetivo de prevenir la reaparición de la deformidad.

El propósito final es que el niño camine con un pie móvil, sin dolor, que pueda utilizar zapatos normales y realizar todas sus actividades cotidianas con normalidad. Aunque el pie corregido no será completamente perfecto y pueden existir ligeras diferencias en tamaño o musculatura entre ambos pies, estas no afectan la funcionalidad ni la calidad de vida del niño.

El tratamiento con el método Ponseti puede llevarse a cabo a cualquier edad, aunque lo ideal es iniciarlo lo antes posible para obtener mejores resultados. Incluso pacientes adolescentes o adultos jóvenes pueden beneficiarse de este enfoque.

En síntesis, el pie equino varo es una condición tratable que, si se aborda a tiempo y con un enfoque integral, puede ofrecer resultados excelentes. La detección temprana y el compromiso con el tratamiento son fundamentales para que los niños puedan llevar una vida activa y sin limitaciones.

Si tu hijo presenta pie equino varo o necesitas orientación sobre el tratamiento, agenda una consulta con los especialistas de nuestra clínica.

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La disautonomía es una disfunción del sistema nervioso autónomo

Qué es la disautonomía y qué la causa

¿Alguna vez has sentido mareos sin una causa aparente? Este síntoma puede tener múltiples causas, desde factores comunes como la deshidratación, la fatiga, el estrés, la ansiedad o el calor excesivo, hasta condiciones médicas más complejas como alteraciones en los niveles de azúcar, disfunciones tiroideas, arritmias, trastornos del oído interno (vértigo), problemas circulatorios cerebrales, isquemias, tumores o la disautonomía, un trastorno poco conocido, pero relevante, que el Dr. Luis Alfonso Medina explica a detalle.

 

 

 ¿Qué es la disautonomía?

La disautonomía es una disfunción del sistema nervioso autónomo. En términos generales, el sistema nervioso se divide en dos componentes: el sistema nervioso voluntario y el sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso voluntario es aquel que nos permite realizar acciones conscientes, como caminar, ponerse los zapatos o quitarse los lentes. Por otro lado, el sistema nervioso autónomo regula funciones involuntarias esenciales para la vida, como la respiración, la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la transpiración y el movimiento del aparato digestivo.

Este sistema autónomo se compone de dos partes: el sistema nervioso simpático y el parasimpático. El simpático es el encargado de activar respuestas en el cuerpo, mientras que el parasimpático favorece el descanso y la recuperación. En condiciones normales, ambos trabajan en equilibrio. Sin embargo, cuando se produce un desequilibrio entre ellos, se genera una disfunción en su regulación, lo que se conoce como disautonomía.

Causas de la disautonomía

 La disautonomía es una condición en la que la presión arterial tiende a disminuir. Normalmente, cuando una persona se pone de pie, la sangre desciende por gravedad hacia las extremidades inferiores, lo que podría reducir el flujo sanguíneo al cerebro. Para evitarlo, el sistema nervioso simpático se encarga de contraer las venas y garantizar un adecuado retorno sanguíneo.

Sin embargo, en la disautonomía, este mecanismo no funciona correctamente debido al desequilibrio entre el sistema simpático y el parasimpático. Cuando el sistema simpático no actúa de manera efectiva, no se produce la contracción venosa necesaria para mantener un buen flujo sanguíneo, lo que puede generar síntomas como fatiga, cansancio crónico e incluso episodios de pérdida de conciencia, conocidos como síncopes.

La disautonomía es una enfermedad que, hasta hace algunos años, era desconocida. De hecho, cuando un paciente perdía el conocimiento se asumía que la causa podía ser una baja de azúcar o una convulsión, cuando en realidad era una disminución de la presión arterial desencadenada por la disautonomía.

Actualmente, se ha identificado también que muchos casos de fatiga crónica están relacionados con este trastorno, aunque a menudo no se diagnostica correctamente. Del mismo modo, algunos pacientes con fibromialgia (otra patología) también presentan disautonomía como una posible causa subyacente de sus síntomas.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar disautonomía?

 Los pacientes que presentan disautonomía con mayor frecuencia suelen ser mujeres jóvenes, generalmente de contextura delgada. Sin embargo, esta condición puede manifestarse a diferentes edades, incluso en personas mayores de 60 años.

¿Cuál es el tratamiento recomendado para tratar la disautonomía?

 El tratamiento de la disautonomía tiene dos aspectos fundamentales. El primero y más importante es el tratamiento no farmacológico, el cual consiste en educar al paciente sobre la enfermedad para que comprenda su naturaleza y manejo. Como referencia, se recomienda consultar la página Disautonomía Internacional, donde se encuentra información detallada al respecto.

En este tratamiento no farmacológico, dentro de las principales recomendaciones se encuentra el consumo abundante de líquidos para mantener una adecuada hidratación y evitar que la presión arterial disminuya. También se sugiere aumentar la ingesta de sal, ya que, a diferencia de los pacientes hipertensos a quienes se les restringe, en la disautonomía se motiva el consumo de sodio a través de snacks salados, frutas con sal, caldos o consomés, entre otros, para mejorar la condición. Asimismo, se sugiere:

  • Evitar estar de pie por períodos prolongados, dado que esto puede generar una caída súbita de la presión arterial y aumentar el riesgo de síncope.
  • Mantener una rutina de actividad física regular para mejorar la circulación.
  • Utilizar medias de compresión en las extremidades inferiores, lo que puede ayudar a mejorar el retorno venoso y reducir los síntomas.
  • Reconocer los signos previos a una crisis. Es clave que los pacientes aprendan a identificar los síntomas iniciales de una descompensación. En caso de sentir mareo o debilidad, se recomienda sentarse de inmediato y elevar las piernas.
  • Cuando una persona con disautonomía siente que va a perder el conocimiento, es importante evitar el uso de remedios caseros como administrar azúcar, agua o café, ya que no son efectivos para contrarrestar el problema. Algunas personas optan por llevar pequeñas porciones de sal en su bolso o bolsillo para consumir en estos episodios.

Cuando estas medidas no son suficientes, se recomienda el tratamiento farmacológico. Uno de los más utilizados es la fludrocortisona, un mineral o corticoide que ayuda a elevar la presión arterial y ha demostrado buenos resultados en la mayoría de los pacientes, permitiéndoles llevar una vida normal.

Para más información, te invitamos a programar una consulta con un especialista en medicina interna en nuestra clínica.

 

 

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¿Cómo equilibrar las emociones?

Las emociones son reacciones adaptativas que nos permiten responder a diferentes situaciones de la vida, ya sean externas o internas. Son esenciales para la supervivencia y la adaptación, ya que nos preparan para actuar ante desafíos y oportunidades.

En el siguiente video, la Dra. Juliana Lotero, psiquiatra de nuestra institución,  nos explica la importancia de gestionar adecuadamente las emociones  para mantener el equilibrio mental y mejorar nuestra calidad de vida.

¿Por qué es importante equilibrar las emociones?

Cuando regulamos nuestras emociones de manera efectiva, desarrollamos una mayor tolerancia a la frustración, fortalecemos nuestras relaciones interpersonales y aumentamos nuestra productividad. Además, evitamos conductas impulsivas que pueden afectar nuestra vida personal y profesional.

Una persona con dificultades para gestionar sus emociones puede experimentar explosiones emocionales, ansiedad o ira descontrolada, lo que impacta su bienestar y sus relaciones. En casos extremos, puede recurrir a conductas de riesgo como el consumo de sustancias o incluso pensamientos autodestructivos. En cambio, una persona emocionalmente equilibrada establece metas claras, maneja el estrés con mayor facilidad y sabe poner límites saludables.

Estrategias para regular las emociones

Existen diversas estrategias para lograr un equilibrio emocional. Algunas de las más efectivas incluyen:

  • Identificar las emociones: reconocer qué sentimos y cómo afectan nuestro cuerpo y mente.
  • Gestionarlas adecuadamente: aceptar las emociones sin reprimirlas, pero sin dejar que nos controlen.
  • Practicar hábitos saludables: una buena alimentación, descanso adecuado y actividad física contribuyen al bienestar emocional.
  • Tener un hobby o actividad relajante: la meditación, el yoga o cualquier actividad placentera ayuda a canalizar las emociones.
  • Buscar ayuda profesional: en casos donde las emociones desborden nuestros recursos personales, acudir a un psicólogo o psiquiatra es una opción recomendable.
  • Uso de herramientas complementarias: tecnologías como el neurofeedback pueden ayudar a modular la actividad cerebral y mejorar la regulación emocional.

El equilibrio emocional no significa eliminar las emociones negativas, sino aprender a gestionarlas de manera efectiva. Al desarrollar esta habilidad, logramos mayor estabilidad, bienestar y armonía en nuestra vida diaria.

Los invitamos a ver el video completo en nuestro Canal de YouTube

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ROSÁCEA: CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

La rosácea es una enfermedad crónica inflamatoria de la piel que se caracteriza por un enrojecimiento y un brote centrofacial y en algunos casos, brotes similares al acné, engrosamiento de la piel o incluso afectaciones oculares.

En el siguiente video, la Dra. Marcela González nos explica las manifestaciones más comunes de la rosácea y los tratamientos disponibles para controlarla.

Causas

Aunque las causas exactas de la rosácea aún no se conocen, existen factores que pueden agravarla, como la exposición a la luz ultravioleta, el consumo de alimentos condimentados, el licor, el estrés y la predisposición genética.

Manifestaciones de la rosácea

La rosácea puede presentarse en cuatro formas principales:

  1. Eritema facial: enrojecimiento persistente.
  2. Brotes inflamatorios: similares al acné, con dolor e irritación.
  3. Rosácea fimatosa: engrosamiento de la piel, común en la nariz de los hombres.
  4. Rosácea ocular: afecta los ojos con enrojecimiento, sequedad y lagrimeo.

 Tratamiento y cuidado

La Dra. González destaca cuatro pilares fundamentales para tratar la rosácea:

  1. Educación del paciente: entender que es una condición benigna y evitar la automedicación.
  2. Cuidado de la piel: una rutina de limpieza suave, hidratación y uso de protectores solares con filtros físicos.
  3. Terapia farmacológica: con productos tópicos y, en casos severos, antibióticos o tratamientos que fortalezcan la microbiota intestinal mediante probióticos y una dieta balanceada.
  4. Tecnología dermatológica: como el uso de láser o luz pulsada intensa para mejorar el enrojecimiento y la apariencia cosmética.

La rosácea puede ser controlada con el acompañamiento de un dermatólogo, mejorando significativamente la calidad de vida del paciente.

Los invitamos a ver el video completo en nuestro Canal de YouTube.

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PRÓTESIS DE HOMBRO: BENEFICIOS DE LA CIRUGÍA

La prótesis de hombro es una solución innovadora para tratar enfermedades y lesiones de esta articulación. El Dr. Carlos Afanador nos habla de este dispositivo que se utiliza principalmente para casos de desgaste articular (artrosis), rupturas irreparables del manguito rotador en pacientes mayores, fracturas del húmero proximal y lesiones tumorales.

Tipos de prótesis

Existen dos tipos principales:

  • Prótesis anatómica: Imita la estructura natural del hombro y requiere tendones en buen estado.
  • Prótesis reversa: Diseñada para funcionar incluso si los tendones están comprometidos.

¿Cómo es el procedimiento?

La cirugía consiste en reemplazar las superficies dañadas con componentes metálicos y plásticos, restaurando movilidad y aliviando el dolor. Dependiendo de la salud del paciente, puede realizarse de manera ambulatoria o intrahospitalaria.

Recuperación y resultados

La rehabilitación comienza poco después del procedimiento, con énfasis en la movilidad temprana. Con el apoyo de fisioterapia, los pacientes logran alivio del dolor, mejoran su fuerza y recuperan la función del hombro. Los resultados son duraderos, con efectos positivos que pueden extenderse por más de 10 años.

En la Clínica del Campestre, este procedimiento se realiza con un equipo altamente capacitado para garantizar la seguridad del paciente.

Los invitamos a ver el video completo en nuestro Canal de YouTube y ver video testimonio de paciente en nuestra red social Instagram.

 

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Kiosko autogestión de citas

Ya está en funcionamiento el KIOSKO VIRTUAL AUTOGESTION ADMISIÓN para pacientes con citas previamente agendadas con nuestros especialistas, así como para aquellos que van para el servicio de Consulta Prioritaria y cuentan con una historia clínica previa en nuestra institución.

El dispositivo electrónico (kiosko) le permite autogestionar su admisión y verificar datos personales. Posterior a la admisión, puede desplazarse hasta la sala de espera para ser llamado por su médico tratante.

Los invitamos a ver el siguiente REEL en nuestras redes sociales.

 

 

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CERTIFICACIÓN efr

El 5 de diciembre 2023, recibimos la certificación de Empresa Familiarmente Responsable (efr) por parte de la Fundación Más Familia de España. Este reconocimiento acredita a nuestra Clínica como una entidad comprometida con prácticas laborales que fomentan la conciliación y el bienestar personal y familiar.

La certificación, otorgada por el señor Roberto Martínez, Director de la iniciativa efr, nos ha situado en el nivel B, destacándonos como una organización proactiva en el ámbito de la conciliación.

 

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SEMANA DE LA RENOVACIÓN 2023

Del 30 de octubre al 3 de noviembre tendremos nuestra tradicional SEMANA DE LA RENOVACIÓN 2023 en la Unidad de Dermatología. Durante estos días tendremos descuentos especiales en los procedimientos de:

Ácido Hialurónico: Es una sustancia que se usa para reposicionar el volumen perdido en ciertas zonas de la cara.

Toxina Botulínica: Es una sustancia que relaja el músculo, produciendo la atenuación de arrugas y manteniendo una expresión natural.

Los doctores que participarán de esta jornada son:

▪ Dra. Marcela González
▪ Dra. María Adelaida Garcés
▪ Dra. Andrea Laverde
▪ Dra. Lina Rodríguez
▪ Dra. Manuela Múnera
▪ Dra. Verónica Sarassa
▪ Dr. Jorge Gutiérrez

Para agendarte a la SEMANA DE LA RENOVACIÓN, puedes comunicarte al ☎ 604 444 2006 opción 2.

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Así vivimos el V Congreso de Ortopedia Subespecializada

En el Centro de Convenciones del Hotel Termales el Otoño en Manizales, se llevo a cabo el pasado 5 y 6 de octubre el V Congreso de Ortopedia Subespecializada Eje Cafetero 2023, un evento que se caracterizó por su organización y calidad de las conferencias.

Durante estos dos días de congreso, los doctores Alberto Guevara, Alejandro Mejía, Alejandro Jaramillo, Carlos Mario Gómez, David Muñoz, Santiago Jaramillo, Felipe Fernández, John Byron Alzate, Paula Sarmiento, Carlos Rodríguez, Alejandro Peiró, Hernán Gallego, Diana Martínez, Sergio Arango, Ana Milena Herrera, Alejandro Abiad, Carlos González, Carlos Sarassa, Fernando Coutin y José Roberto López, compartieron sus conocimientos y experiencias con el público asistente.

En la tarde del jueves, el Uruguayo Álvaro Mangino contó su experiencia de sobrevivencia luego del accidente aéreo en la cordillera de los Andes en 1972.

Un agradecimiento muy especial a todo el Comité Organizador encabezado por el Dr. Andrés Arismendi, Dr. Leonardo Arcila, Dr. Iván Agudelo, Dra. Silvia Arango, Lilliana Ceballos, Gabriel Gallego, Natalia Franco y al personal de SU CONGRESO (operador logístico). También a los 28 patrocinadores que hicieron posible la ejecución del evento: DepuySynthes, Novamed, Abbott, Heel, Union Médical, Smith and Nephew, Iso, Inbios, Boston, Piemca, Procaps, Legrand, Tecnoquímicas, Suplemedicos, Chalver, Menarini, Universidad Autónoma de Manizales, Go Rigo Go, Athlon, BTL, Bioart, Comedica, Kromia, Power Medical, Mónaco (Droguerías Aliadas), MDT, Euroetika y Kamex.

 

 

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peeling quimico - Clinica del campestre

¿Deberías hacerte un peeling químico?

El  consiste en la aplicación de sustancias que ayudan a remover células muertas de las capas superiores y medias de la piel para lograr una piel con apariencia más joven y saludable.

En este procedimiento, que debe ser realizado por especialistas, se utilizan normalmente alfa hidroxiácidos (AHA), ácido láctico, ácido glicólico y beta hidroxiácidos (BHA), químicos que tienen un efecto abrasivo sobre la piel.

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Inestabilidad del hombro - Clinica del campestre

¿Qué es la inestabilidad de hombro?

El hombro es la articulación más flexible del cuerpo, porque puedes alcanzar rangos de movimiento muy amplios. Aun así, en algún momento, por alguna causa, puedes tener una luxación, sentir que el hombro se ha dislocado. Este evento se conoce como inestabilidad de hombro.

En general, existen tres causas para una inestabilidad de hombro:

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microdermoabrasión - Clinica del campestre

¿Qué es microdermoabrasión?

La microdermoabrasión es un procedimiento cosmético de rejuvenecimiento de la piel adecuado para tratar tus pequeñas cicatrices, problemas de despigmentación, daño solar y estrías.

La microdermoabrasión se realiza con un instrumento que tiene una punta de cristales finos que lija suavemente la piel, eliminado las células muertas y secas de la capa más gruesa de la piel. No utiliza productos químicos y se considera no invasivo.

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Dolor de manos - Clinica del campestre

¿Dolor en las manos y dedos?

Las manos y los dedos nos permiten realizar muchas actividades laborales, cotidianas y lúdicas. Huesos, articulaciones, tendones, músculos y nervios se organizan para que seamos capaces de producir hasta 58 movimientos diferentes.

¿Puedes hacerlos todos?

Tal vez, en este momento estés consultando por alguna molestia. Son usuales.

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Tratamiento laser - Clinica del campestre

¿Por qué rejuvenece el láser?

El láser de piel permite realizar una gran variedad de tratamientos médicos y estéticos en dermatología, para reparar las estructuras de la piel y mejorar la apariencia juvenil y uniforme.

Se trata de un proceso físico químico bastante interesante.

Qué hace el láser

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