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¿Por qué fallecen los deportistas?

Es común escuchar que el ejercicio físico es un factor protector para la salud. Y lo es; sin embargo, surge una pregunta que parece contradictoria: ¿por qué fallecen algunos deportistas durante la práctica deportiva?

Aunque el deporte no previene la muerte, sí contribuye significativamente a mejorar la calidad de vida y aumentar la esperanza de vida. Aun así, existen casos —algunos muy mediáticos— de muerte súbita durante el ejercicio, especialmente en atletas jóvenes y adultos durante competencias o entrenamientos.

Los estudios muestran que la principal causa de muerte súbita en personas activas es de origen cardiovascular. Esto ocurre tanto en atletas de alto rendimiento como en personas físicamente activas. Se identifican dos grupos etarios clave:

  1. Deportistas menores de 35 años: suelen presentar trastornos del ritmo cardíaco, canalopatías o miocardiopatías hereditarias, como:
    • Miocardiopatía hipertrófica
    • Miocardiopatía dilatada
    • Displasia arritmogénica del ventrículo derecho
  2. Deportistas mayores de 35 años: en este grupo, la causa más frecuente es la enfermedad coronaria, es decir, obstrucciones en las arterias del corazón que pueden desencadenar un infarto agudo de miocardio y, eventualmente, una muerte súbita.

¿Qué sucede en el cuerpo durante el ejercicio?

Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo entra en un estado de estrés fisiológico controlado. El corazón, como cualquier otro músculo, responde a esa demanda:

  • Se aumenta la frecuencia cardíaca
  • Se eleva la presión arterial
  • Se incrementa la necesidad de oxígeno en músculos y órganos

Durante una prueba de esfuerzo máxima, por ejemplo, es normal observar presiones arteriales de 180/70 mmHg en un adulto sano de 30 años. Aunque pueda parecer alarmante, se trata de una respuesta adaptativa del organismo. Como explican los especialistas, el corazón funciona como un motor: si se le exige más, debe revolucionarse para responder.

Pero, ¿qué pasa si ese motor no ha sido entrenado?

Cuando el cuerpo no está acondicionado, el ejercicio puede representar un riesgo. Diversos estudios han demostrado que el riesgo de muerte súbita aumenta durante la actividad física y hasta una hora después. Sin embargo, este riesgo se reduce de forma significativa en personas que entrenan de manera constante.

En cambio, quienes hacen ejercicio solo una vez por semana tienen un riesgo mucho más alto que quienes entrenan tres o más veces.

Uno de los perfiles más vulnerables es el deportista ocasional, aquel que deja el fútbol para el domingo o la trotada para la ciclovía, pero permanece inactivo el resto de la semana. Este tipo de rutina irregular impide que el cuerpo se adapte al esfuerzo, aumentando la probabilidad de lesiones y eventos cardiovasculares como infartos o arritmias.

La buena noticia es que la mayoría de estos riesgos son prevenibles. Una valoración médica previa, especialmente en personas con antecedentes familiares o síntomas, es fundamental para garantizar que el ejercicio se practique de forma segura.

¿Qué precauciones debe tener una persona cuando practica un deporte como profesional o aficionado?

Prevenir todos los casos de muerte súbita es, en la práctica, imposible. Siempre existirán situaciones impredecibles, incluso en personas que han tomado todas las precauciones. Así es la vida; no obstante, la gran mayoría de casos son prevenibles, manejables y detectables con anticipación.

El primer paso está en identificar adecuadamente el tipo de población. Durante años, guías y referentes internacionales no recomendaban realizar tamizaje cardiovascular a los deportistas de alto rendimiento antes de competir; pero estos atletas tienen una gran ventaja: cuentan con un equipo médico que los conoce, los acompaña 24/7 y monitorea su estado de salud de forma continua.

Esto contrasta con la realidad del deportista recreativo… la persona que hace ejercicio por salud o bienestar emocional, como el ejecutivo que corre por las mañanas o el aficionado al ciclismo de fin de semana. Aunque se presume que están sanos por ser jóvenes y activos, muchos podrían tener condiciones congénitas silentes que solo se manifiestan bajo esfuerzo físico intenso.

Por eso, reconocerse, conocerse y evaluarse es esencial para prevenir complicaciones.

Realizar una valoración médica antes de iniciar o intensificar una rutina de ejercicio no debería ser opcional. Muchas condiciones cardíacas no dan síntomas hasta que se activan por el esfuerzo. El ejercicio debe planificarse con responsabilidad.

Es común que personas con prediabetes, hipertensión o sobrepeso lleguen a consulta tras comenzar a hacer ejercicio de forma brusca, sin preparación, y terminen con lesiones o complicaciones evitables.

Hacer ejercicio no es solo moverse, es entrenar el cuerpo para que se mueva bien. Como en el desarrollo infantil, primero se levanta la cabeza, se repta, se gatea, se camina. Lo mismo aplica para el ejercicio físico: progresar paso a paso, respetando las capacidades del cuerpo.

¿Qué herramientas se recomiendan para monitorear la actividad física?

Hoy en día existen múltiples dispositivos tecnológicos que permiten monitorear el ejercicio físico y brindar datos relevantes para cuidar la salud durante la actividad. Entre los más utilizados se encuentran los relojes inteligentes, anillos y bandas deportivas, capaces de medir en tiempo real variables vitales del sistema cardiovascular. Los datos más comunes que ofrecen son: frecuencia cardíaca, variabilidad de la frecuencia cardíaca, calidad del sueño y estado de fatiga o recuperación.

Algunos modelos avanzados incluso generan alertas automáticas cuando detectan niveles de fatiga elevados o patrones irregulares en la frecuencia cardíaca.

¿Cuál debe ser la intensidad del ejercicio?

Una de las recomendaciones más frecuentes en consulta es conocer la frecuencia cardíaca máxima. Para estimarla, se utiliza una fórmula poblacional sencilla: 220 menos la edad.

Sin embargo, si se desea una medición más precisa, lo ideal es realizar una prueba física controlada que lleve al corazón a su máximo rendimiento.

Cada persona responde de manera diferente, y entrenar con seguridad empieza por conocer los propios límites fisiológicos.

¿Se recomiendan los suplementos alimenticios para mejorar el desempeño físico?

El uso de suplementos alimenticios en el deporte debe abordarse con precaución y siempre bajo supervisión profesional. Si bien existen sustancias que pueden complementar la alimentación y optimizar el rendimiento, también hay productos que están contraindicados y representan un riesgo para la salud, especialmente en personas con condiciones cardiovasculares.

Es fundamental entender que no todos los suplementos son necesarios y que muchos de los nutrientes que ofrecen pueden obtenerse a través de una alimentación equilibrada. En algunos casos, puede haber deficiencias o requerimientos especiales que justifiquen la suplementación con proteínas, creatina, magnesio u otros compuestos, pero esto debe determinarse con base en una valoración médica y nutricional individual.

¿Cuáles son los signos de alarma cuando se está practicando un deporte o haciendo actividad física?

Hay señales que no deben ignorarse durante la actividad física. Se recomienda consultar de inmediato si se presentan:

  • Dolor en el pecho asociado al ejercicio
  • Desmayos o síncope durante la actividad
  • Palpitaciones intensas o inesperadas, especialmente en reposo
  • Fatiga extrema no relacionada con el esfuerzo habitual

En personas mayores de 30–35 años que nunca se han realizado una valoración médica, es fundamental realizar un chequeo metabólico y cardiovascular completo antes de iniciar cualquier programa de entrenamiento.

¿Esto significa que se debería evitar el deporte?

En absoluto. Practicar ejercicio físico tiene muchos más beneficios que riesgos. En la balanza de la salud, el ejercicio siempre será un factor protector, tanto para el sistema cardiovascular como para la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles.

Lo importante es hacerlo de forma progresiva, segura y consciente. Estadísticamente, la tasa de muerte súbita en la población general se estima en 69 por cada 100.000 personas al año, mientras que en personas físicamente activas es menor a 2 por cada 100.000.

La diferencia es clara. El ejercicio es esencial para vivir mejor y por más tiempo, pero debe practicarse con responsabilidad, conocimiento y acompañamiento profesional. En la Clínica del Campestre, nuestros especialistas en medicina del deporte están listos para ayudarte. Agenda tu valoración médica y empieza a entrenar con seguridad.

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